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Oh, Wien, stadt meiner träume! (Parte XXIII)

Una semana más y otro trocito de Viena, en este caso una breve presentación del hotel en el que nos hospedamos. Para más información sobre este icónico edificio (mundialmente conocido por la elaboración de la tarta Sacher, que lleva su nombre), les invito a pasar por su página web.

Esperon que disfruten del -digamos caluroso- vídeo.
Recordarles que está también disponible en alta definición (para ordenadores potentes), y que cuenta con una opción de subtítulos. Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume! (Parte XXII)

Antes de nada, avisar que el que suscribe es Gerardo. Me veo en la obligación de ser yo quién dé la cara ante la injustificable demora en los videos de Viena (Valentín ha sido todo lo persistente que ha podido, mis nervios dan fe de ello). El retraso se ha debido a que las fuentes de los vídeos fueron grabadas en alta resolución, y para procesarlas de cara al Youtube he tenido que hacer auténticas filigranas. Por cierto, las fuentes en resolución más alta son accesibles desde la propia ventana de visualización, si su ordenador y su conexión lo permite, no duden en activar la opción HD.
Poco a poco me comprometo a ir colgando otras tomas. Espero que las disfruten. Cedo la palabra al maestro:

Oh, Wien, stadt meiner träume! (Parte XXI)

Kirche am Steinhof 01

Llegó el día y -¡por fin!- nos fuimos a Viena; vía Múnich, pero fuimos los últimos días de enero y el primero de febrero. Sorpresas en principio ninguna, a poco que uno rasque y empiece a buscar recorridos alternativos a los que nos propone la oficina de turismo de Austria.

Reconozco que tener un buen dominio de las calles y monumentos es la mejor ayuda a la hora de encontrar pequeñas excursiones, sin tener que adentrarse en ningún gélido bosque de los que envuelven a la ciudad.

Confieso que al principio, encontrándonos con la ciudad nevada, se me ocurrió hacer un reportaje de Mayerling y su pabellón de caza. Hubiese sido en todo caso una distorsión de la realidad, pues caí en la cuenta de la cantidad de cosas realmente interesantes que quedaban por ver y por filmar de esta ciudad.

Así que partimos con nuestra cámara de alta definición e hicimos un recorrido -a veces serio y a veces humorístico- en el que filmar casas y cosas realmente interesantes y alejadas de Sissi y su romanticismo decimonónico nos pareció esencial.

Tan es así que descubrimos y filmamos tanto la villa Wagner I como la II, y subimos al punto más alto de la ciudad en el monte Kahlenberg -especie de Tibidabo- donde la única atracción es el monte en sí y la privilegiada perspectiva que tiene sobre la ciudad.

Suponemos, porque al vivir en el mediterráneo no tenemos la certeza, que iremos subiendo fragmentos de nuestras filmaciones, como el complejo de edificios del psiquiátrico de Penzing, donde se encuentra la maravillosa iglesia Kirche am Steinhof.

Kirche am Steinhof 02 Así mismo verán la crudeza del invierno en la Plaza de los Héroes, que invita a todo menos a estar allí en ese momento, pues a diez o doce bajo cero con viento lo único que desea uno es meterse en una cafetería –llamada allí Café- y esperar mejor tiempo.

Pero nosotros habíamos ido a lo que fuimos y sacamos fuerzas de nuestro sueño vienés, estableciendo un horario espartano que consistió en levantarnos a las 7 de la mañana (2 horas después que los parroquianos) salir a hacer recorridos, comer a las trece horas, dormir una siesta de 16:00 a 17:30 y seguir la marcha, aprovechando que cuando nieva hace menos frío.

Lo peor del viaje, quizás y a mi manera de entender, el volver tan pronto a Valencia, pero ya se sabe, un forofo es un forofo.

Quisimos impregnarnos tanto del ambiente vienés que elegimos el Hotel Sacher, de tal manera que cuando en algún restaurante de nuestra querida Valencia me preguntan si deseo de postre tarta Sacher declino la proposición no sin esbozar cierta sonrisa irónica.

Hemos hecho tanto en tan poco tiempo, que sólo he podido reconfirmar por enésima vez que Viena -solo Viena- es la ciudad de mis sueños. ¿Saben ustedes por qué? Porque hay una Viena para cada uno.

Auf Wiedersehen.

Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume (Parte XX)

KundK

Kakania era un país ficticio que hacía referencia implícita a los últimos días del Imperio Austro- Hungaro. La denominación es debida a que el dicho Imperio siempre se nombrara como Kaiserlich und Koenigliche Doppel Monarchie, es decir: “Imperial y Real monarquía dual”; en una suerte de “tanto monta, monta tanto”. De ahí que la abreviatura K und K -o bien K & K- siga estando presente en la Ciudad de Viena allá donde se mire.

Ejemplo: la archí-famosa pastelería Demel sigue nombrándose como K und K Demel. No les aburro, pero les aseguro que sin el K und K pocas cosas de calidad podían encontrarse en el “fin de siécle” vienés.

Y a ese final de Siglo me quiero referir, cuando arquitectos de la talla de Otto Wagner conseguían sentar en un recargado trono art nouveau al mismísimo Kaiser, que accedía con mayor o menor entusiasmo por el bien de su Nación multicultural.

Kakania supo acomodarse a la situación de su tiempo, pero su época ya había pasado. La etiqueta española resultaba más anacrónica que un pen-drive en un retrato de Isabel la católica. “Renovación” hubiese sido la clave si el Imperio no hubiese ido siempre detrás de los cambios que tenían lugar en este vasto Imperio de cincuenta y pico millones de almas.

Algo queda de Kakania en la capital del antiguo Imperio. Para muestra un botón: Robert Tausk fue un psicoanalista, medico-psiquiatra, abogado y periodista que lo dejó todo por seguir a Sigmund Freud; nacido en Zsilina -hoy en la república Eslovaca-, allá por el año 1879. Cambió de religión para convertirse en católico dejando atrás su herencia judía. Sus cualidades, muchas; sus defectos, cierta inestabilidad emocional y un pensamiento genial, tan genial que debía crear no pocas envidias en un derredor gris y mohíno.

La cuestión es que finalizada la primera Guerra Mundial, casi sin amigos, con el rechazo implícito de Freud y viendo que todas las puertas se cerraban, decidió poner fin a su vida allá por 1919, es decir, a la temprana edad de 40 años.

Fue enterrado en el Cementerio Central de Viena y allí sigue.

En un viaje personal realizado en Julio de 1997, mi señora madre -conocedora de mi admiración por Tausk- me propuso armarme de valor e intentar buscar, no sin su ayuda, la tumba de mi admirado Viktor Tausk.

Tras recorrer en coche los entresijos del Cementerio central encontramos finalmente la tumba, y nos decepcionó el estado del pequeño jardín, que lucía bastante descuidado. Pusimos manos a la obra y fuimos directamente a las oficinas para protestar por este abandono. Primero se nos dijo que el mantenimiento se pagaba desde los Países Bajos -cosa cierta, me consta- segundo, que al no ser familia no era nuestro asunto. Yo no salía de mi asombro, ni mi madre de su cólera. Finalmente lo único que saque en claro fue la dirección del nieto de Tausk, con el que desde entonces me une una entrañable amistad.

La cuestión, amigos, es que la clepsidra siguió marcando el tiempo y, hete aquí, que esta semana recibo una carta oficial -¡doce años después!- para que envíe diligentemente una cantidad de dinero para hacerme cargo, hasta el año 2016, de los arreglos florales de la tumba, a lo que pienso ceder gustosamente. Pero… ¡Doce años después!

Como pueden ver el atraso en las contestaciones y la anedonia no las resuelve el cambio de régimen. Es intrínseca a un carácter que imperó por muchos años a remolque de los primos alemanes del norte.

Kakania fue grande, pero menos que Alemania. Kakania tuvo una sorprendente densidad de población, pero sensiblemente menor que la de sus primos-hermanos. Alemania era potencia industrial en fabricas de acero mientras kakania invertía diligente en hermosos valses vieneses.

Moraleja: todo llega.

Incluso en Kakania, tarde pero llega.

A mi madre, In Memoriam.

Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XIX)

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Isabel de Wittelsbach. Más conocida por el diminutivo Sissi (nacida Elisabetta Amalia Eugenia von Wittelsbach, Duquesa de Baviera), fue emperatriz de Austria (1854-1898) y reina de Hungría (1867-1898).

Nació en Baviera. Con 16 años Elisabeth acompañó a su madre y a su hermana en un viaje a la residencia de verano de Ischl, donde se esperaba que el Emperador de Austria Francisco Jose se fijase en la mayor de las hermanas. En su lugar, se sintió atraído por la menor de ellas, y es por ello que eligió a Elisabeth.

A Elisabeth las dificultades para adaptarse a la estricta etiqueta española -que todavía se practicaba rígidamente en la corte de Habsburgo-, le resultaban insufribles, no obstante cumplió con su deber monárquico dándole al emperador tres hijos en rápida sucesión: la archiduquesa Sofía muerta a los dos años; la archiduquesa Gisela; el esperado sucesor al trono, el archiduque Rodolfo, príncipe de la corona y la archiduquesa Maria Valeria. Como era costumbre en la corte, se le negó a Elisabeth la crianza de sus hijos, que estuvo a cargo de su suegra y tía, la archiduquesa. Por añadidura, después del nacimiento de Rodolfo el matrimonio comenzó a deteriorarse. Sólo se le permitió criar a su última hija, María Valeria, a la que ella llamaba cariñosamente "mi hija húngara", dado el gran aprecio que le tenía a ese país.

Dotada de gran belleza, se caracterizó por ser una persona rebelde, culta y avanzada para su época: fumaba, hablaba varios idiomas, practicaba la equitación, escribía poesía, cuidaba su figura, le gustaba viajar… Paradójicamente, la mayor parte de su vida permaneció alejada de Viena, debido en parte a los continuos enfrentamientos con su suegra, la archiduquesa Sofía, y más tarde por la muerte de su primogénita Sofía (lo que le llevó a una severa depresión), y el suicidio del príncipe heredero Rodolfo y su amante, una baronesa de la nobleza húngara de nombre Maria Vetsera de diecisiete años de edad.

Sufría una fobia que le provocaba, durante sus breves estancias en Viena, trastornos psicosomáticos como cefaleas, náuseas y depresión nerviosa. La emperatriz se mantuvo siempre que pudo alejada de Viena y de la vida pública. Fue una emperatriz ausente de su Imperio, aunque no por ello menos querida por el pueblo o menos pendiente de los asuntos de Estado. De hecho, fue una de las impulsoras de la coronación de Francisco José como rey de Hungría.

Mujer muy culta, tenía un carácter obsesivo, en especial por su cabello, que era de color rubio obscuro y se lo tintó de castaño para resaltar sus adornos de flores. Estudió griego, para disfrutar de los clásicos, con tal afán que llegó a dominarlo. Estudiaba durante horas y contrató a un lector llamado Cristomanos que durante años le leyó obras clásicas en esta lengua y con el que sostenía charlas en griego, para practicar. Profundamente identificada con la causa húngara, Sissi aprendió con ahínco este idioma hasta dominarlo por completo. Dominaba también el inglés y alemán, circunstancia que aprovechó para leer obras en estas lenguas directamente.

En 1889, la vida de Elisabeth quedó desolada por la muerte de su único hijo, y por tanto del único heredero al trono, el príncipe Rodolfo, de 30 años.

Después de la muerte de Rodolfo, la Emperatriz siguió siendo un icono adondequiera que fuera: un largo vestido negro con botones en la parte superior, una sombrilla blanca hecha de cuero y un abanico marrón que escondía su rostro de miradas curiosas. Sólo unas pocas fotografías se conservan, de fotógrafos con suerte que lograron congelarla en una imagen sin que ella lo advirtiera. La emperatriz, que siempre había estado en extremo preocupada por su belleza y su figura, a partir de la treintena dejó cada vez menos que la retrataran y mucho menos que le hicieran fotos, ocultando su rostro tras sombreros, abanicos y sombrillas, para que nadie la captara en su madurez. Que la Emperatriz Elisabeth visitara a su marido el Emperador en Viena era extraño, pero curiosamente su correspondencia aumentó de frecuencia durante los últimos años, y por aquel entonces la relación entre los emperadores se había convertido en platónica y cariñosa.

En su barco de vapor imperial, llamado Miramar, la Emperatriz recorrió el Mar Mediterráneo, siendo uno de sus lugares favoritos Cap Martin, donde el turismo se había hecho constante a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Pasaría algunas temporadas de verano en la isla de Corfú, donde se construyó un palacio, el "Aquilleón", en honor a Aquiles, uno de sus héroes griegos preferidos. Además, visitó otros países como Portugal, España, Marruecos, Argelia, Malta y Grecia, Turquía y Egipto, ya que los viajes se habían vuelto en algo común en su vida, aunque también en un escape de ella misma.

También visitó la ciudad de Elche, donde bautizó la palmera de siete brazos. Estuvo también en Madeira recuperándose de una supuesta tuberculosis. Sissi padeció trastornos de tipo nervioso como anorexia, depresión, crisis de ansiedad y fobia a la vida pública.

Con el enfermizo objetivo de mantener su peso en 50 kilos y su cintura de tan sólo 47 centímetros, con una altura de 1,72 metros, la Emperatriz inventó sus propias dietas para adelgazar consistentes en jugo de carne y algo de fruta, y en largas caminatas diarias de más de 10 km que agotaban a todas sus damas de compañía, que tenían que ser relevadas al poco tiempo. Como en aquella época los especialistas de nutrición no existían, nadie podía informarle a Isabel que su estado correspondía con el de una enferma bulmaréxica, mezcla de las dos enfermedades nutricionales más extendidas del Occidente actual (bulimia y anorexia). Sus comportamientos obsesivos no hacían efecto sólo en sus hábitos alimenticios, sino también en las ocupaciones diarias, ya que tenía la necesidad de siempre estar en movimiento, de no sentarse, de caminar por largas horas y de montar otras muchas a caballo. El desencadenante principal de esta obsesión para mantenerse bella y delgada empezó por sus primeros tres embarazos de rápida sucesión. Además, la emperatriz no deseaba mantener relaciones con su marido.

Los alimentos principales de la Emperatriz eran carne de ternera, pollo, venado y perdiz; carne fría, sangre de buey cruda, tortas, helado y leche, prescindiendo de verduras y frutas, a excepción de naranjas. Sin embargo, era muy extraño que demostrara su apetito enfrente a cualquier persona. Dicen que cuando Sissi se comprometía con el Emperador, la madre de éste, la Archiduquesa Sofía la descubría con horror que tenía dientes amarillos y eso fue el motivo de la primera crítica de la suegra hacia la futura esposa de Francisco José. Con el tiempo la Emperatriz perdió progresivamente los dientes debido a su mal cuidado y falta de aseo. Por esa razón, evitó sonreír a boca abierta frente a la corte y al público en general por esa falta de dientes que la acomplejó durante sus últimos años.

Desde los 44 años sufrió casi todo el tiempo dolores de ciática y en las piernas, acumulación de líquidos. No le ayudaron sus visitas a los balnearios que frecuentaba, aunque el médico Georg Metzger, probablemente ayudado por la psiquiatría, logró cambiar sus manías nutritivas.

Murió a los 61 años asesinada por el energúmeno-anarquista italiano Lucheni, que la confundió con una condesa.

Siempre y para siempre Sissi será la “extraña mujer” de la corte vienesa.

Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XVIII)

477px-Wappen_Kaisertum_Österreich_1867_(Mittel)

Les confieso que cuando voy a Viena lo primero que hago es comprar, rápidamente, un ramo de rosas rojas, y lo llevo como ofrenda al mausoleo del Emperador Francisco José. Cumplido este ritual quedo libre para disfrutar de la ciudad de mis sueños.

De hecho, hoy les hablaré del Káiser Francisco José, quizá el ultimo padre de Europa antes de la debacle de las dos guerras mundiales, la división del continente, y la posterior y tortuosa unificación europea que -parece ser- está en proceso. Al menos yo así lo espero.

Francisco José de Habsburgo-Lorena nació en el palacio de Schoenbrunn, en Viena, y a la edad de 18 años accedió al trono Imperial Austriaco, siendo coronado como:

Káiser (Emperador) de Austria; rey apostólico de Hungría; rey de Bohemia, de Dalmacia, de Galitzia y Lodomeria, de Croacia y de Iliria; rey de Jerusalén; archiduque de Austria; Gran Duque de Toscana y de Cracovia; duque de Lorena, de Salzburgo, de Estiria, de Carintia, de Krajina y de Bucovina, de la Alta y la Baja Silesia, de Módena, Parma, Piacenza y Guastalla, de Auschwitz y de Zator, de Ciesyn, Fruili, Ragusa y Zara; conde de Habsburgo y del Tirol, de Kyburg, Gorizia y Gradisca, de Hohenembs, Feldkirch, Bregenz y Sonnenberg; gran príncipe de Transilvania-Siebenbürgen, príncipe de Trento y Bressanona; margrave de Moravia, de la Alta y la Baja Lusacia y de Istria; señor de Trieste y Cattaro, gran voivoda de la voivodía de Serbia, y un largo etcétera con el que no quiero cansar al lector.

Kaiser Franz Josef Nacido en 1830, sucedió a su tío Fernando -un retrasado mental afable e ineficaz- para regir el Imperio. Francisco José era hijo del archiduque Francisco Carlos, hijo a su vez del último Emperador del Sacro Romano Imperio Alemán y de la Princesa Sofía, de la casa Wittelsbach de Baviera. Sus padres eran, por tanto, primos hermanos.

Francisco José I contrajo nupcias con su prima Elisabeth Wittelsbach a la que conoció en el balneario de Ischl. Todo el mundo la conoce como Sïssi. Me permitirán no extenderme en esta desgraciada unión, pues ya les hablaré de esta “extraña mujer” en un artículo aparte.

El Káiser tuvo con Sissi cuatro hijos: Sophie, muerta prematuramente, Gisela, princesa de Baviera, Rodolfo, Príncipe de la corona y heredero de Austria-Hungría, y María Valeria, archiduquesa de Austria-Toscana, conocida gracias a las malas lenguas de la corte como “la única” o “la húngara”, cuando la criatura era el vivo retrato de su Padre.

Francisco José era un idealista, transformó la ciudad de Viena de arriba abajo, creó o fomentó los proyectos para seguir manteniendo la ciudad como buque insignia de su imperio y murió, allí donde había nacido, en el Palacio de Schoenbrunn en noviembre de 1916, dejando la primera Guerra Mundial empantanada.

Como no creo que realizar un panegírico sea mi función, solo les diré que una vez por semana despachaba en el palacio Hofburg de Viena de cara al pueblo, cosa que en estos tiempos de crisis debería servir de modelo a las monarquías y chuparquías que aún resisten en esta Europa del siglo XXI.

Quizá lo más llamativo del Soberano fuese la serie de desgracias familiares que le acontecieron. Su vida familiar fue terrible, el Káiser Francisco José perdió violentamente a su hijo, el Archiduque Rodolfo, que dicen que se suicidó por un desengaño pasional en medio de una crisis depresiva; eso sí, arrastrando en su suicidio a la Baronesa María Vetsera de diecisiete años. Por añadidura, el Káiser perdió a su esposa, la Emperatriz Sissi, apuñalada por un energúmeno que la confundió con una Condesa.

Francisco José tuvo tres hermanos, ninguno de los cuales acabó bien. El primero, Maximiliano, fue entronizado como Emperador de México por los franceses -contra la voluntad del propio francisco José-. Excuso decir que fue fusilado cuando el ejército francés empezó a sufrir derrotas ante las guerrillas mexicanas.

El segundo hermano del Emperador, Carlos Luis, católico hasta la medula, bebió agua del Jordán en una peregrinación a Tierra Santa, muriendo de tifus.

Con respecto al hermano menor, Luis Víctor, apodado “el archiduque de los urinarios”, fue enviado lejos de Viena tras ser sorprendido manteniendo relaciones sexuales con un menor de edad en un baño público.

Ni qué decir tiene que la cuestión sucesoria fue más complicada que un culebrón venezolano. Al KaiserFranzJoseph morir el archiduque Rodolfo sin hijos varones, y al morir Carlos Luis, la sucesión recayó en Francisco Fernando, hijo del anterior, que cabezón como era se casó morganáticamente, es decir, con alguien inferior en rango, cosa impensable para la monarquía danubiana finisecular.

La interfecta fue Sophie, condesa Chotek, de la rancia aristocracia checa. Lo que quizás el público en general no sepa es que aunque no hubieran muerto en el atentado de Sarajevo, sus hijos estaban apartados por ley dinástica del trono.

En realidad, y para hacer honor a la verdad, el Imperio Austro-Húngaro duró lo que el reinado de Francisco José I, es decir: sesenta y ocho años. De 1916 a 1919 la tragicomedia fue el preludio de la Finis Austria o, como decía acertadamente el escritor Robert Musil, el “fin de Kakania”.

Me resulta doloroso mostrar los hechos tal cual fueron, pero no puedo engañarles con una historia cuyo cielo no fue de caramelo. Eso es propio de películas confitadas.

El mérito supremo de que todo funcionara fue del Káiser Francisco José, Señor dominador del Caos en el que siempre estuvo envuelto.

Es por todo ello que, con todo mi respeto y cariño, este articulo se lo dedico a mi idolatrado Señor Francisco José I, Señor de los dos mundos desde que se mudó a su panteón en la Cripta de los Capuchinos.

Servus.

Post Data.: las fotografías son del Káiser a los cuarenta y a los ochenta y cinco años respectivamente.

El mágico Christkindlmarkt de Viena

Un mercado navideño es una institución típica del mundo germano, y muy especialmente de Viena.

Comúnmente suele instalarse al inicio del adviento, es decir, cuatro semanas antes de navidad. Su nombre en Viena es Christkindlmarkt, mercado del niño Dios.

Está compuesto de puestos en plazas, normalmente frente a lugares históricos o de comercio público. En Viena el más importante es el que está frente al Ayuntamiento.

Allí se puede comprar elementos culinarios típicos como el Spekulatius, los panqueques, los Weihnachtstollen, algodón de azúcar, todos los chocolates y un largo etcétera, nueces tostadas y las famosas “marróni”, es decir, castañas calientes (herencia española).

Cómo remedio contra el frío se vende y se regala en Viena el famoso Glühwein, que es una mezcla de vino tinto y especias y se toma caliente, de tal manera que toda la atmosfera del centro de la ciudad huele a vino y canela.

El Glühwein les puede hacer sentir absolutamente reconfortados, o bien les puede sentar (si no están acostumbrados) como una patada en el epigastrio.

Son comunes las representaciones de San Nicolás o del niño Dios, y reparten regalos para los presentes. Raras veces aparecen otro tipo de figuras navideñas (como representaciones de cuentos). En algunos mercados navideños existen nacimientos (Belenes) vivientes con burros, ovejas, cabras, etc., en un escenario diseñado para la ocasión, como lo puede ser un balcón del registro civil o una casita diseñada para ello.

Lo que da un toque especial al mercado navideño es la iluminación, en oposición a la oscuridad generalizada y los primeros copos de nieve del invierno.

Les añado a la manera de regalo de navidad un pequeño video del mercado navideño más importante de Viena.

Con mis deseos de que el año que viene sea mejor para todos, les dejo.

Servus.


Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XVII)

2578790242_00c77d0e3eLa COOP. Himmelb(l)au es una cooperativa de arquitectos con sede en la ciudad de Viena. Himmelblau significa “cielo azul”, en tanto en cuanto sin la “l” significaría algo así como “construcción celestial”. Como ven, se trata de un juego de palabras que ha hecho la fortuna de Prix y Swiczinsky, dos arquitectos.

Por su tipo de construcción postmoderno, el equipo ha sido contratado para la nueva sede del Banco Central Europeo, en Frankfurt Am Mein. Así mismo, si van por Viena no dejen de visitar el edificio anexo al Gasometer, les aseguro que les sorprenderá.

Aquí les cuelgo la foto del edificio anexo al Gasometer. No dejen de visitar si tienen tiempo -y les interesa- la página de esta pareja de arquitectos: Página web oficial de Coop Himmelb(l)au (en inglés).

Por su parte, Hannes Lintl fue el que se atrevió a construir en el antiguo Danubio -digamos al otro lado de la ciudad- la Donauturm (Danubio Torre, 1964),

donauturm_nw La Donauturm es una construcción de 252 metros de altura ubicada muy cerca del parque del Danubio. 3750 m3 de cemento y 514 toneladas de hormigón armado fueron utilizadas para la construcción. Para acceder a la plataforma superior -con restaurante y cafetería giratorias a 170 imagemetros del suelo- hay dos ascensores ultrarrápidos que tardan exactamente 35 segundos en realizar la ascensión. En caso de urgencia hay una salida con 770 escalones. Solo decirles que la vista es espectacular, pues el visitante puede otear hasta 80 Km. a la redonda, con lo cual desde arriba se ve Bratislava, capital de Eslovaquia. Les anexo una foto de la Torre aunque no sea la que le hace más justicia.

Por su lado, Günther Domenig -nacido en Klagenfurt, capital del estado sureño austriaco de Carintia- es otro de los afamados arquitectos.

Ha realizado edificios casi imposibles como la Zentralsparkasse de la Simmeringerhauptstrasse, (vaya, la caja de ahorros) en la calle principal del distrito de Simmering. Les anexo la foto del mismo.

Por hoy les dejo con esto. Un saludo y ya saben: Servus.

Un regalo (Ein Geschenk)

El Coro de niños cantores de Viena está compuesto de niños sopranos y altos mezzosoprano. Es uno de los coros infantiles más conocidos del mundo. Los muchachos son seleccionados principalmente en Austria, aunque hay un niño español admitido desde hace poco.

El coro es el descendiente actual del coro de niños de la corte vienesa, siendo creado por orden de Maximiliano I en 1498.

Desde esa fecha, los niños viven en el Palacio Augarten, que ha sido su local de ensayos e internado. El Palacio reúne todas las condiciones de un colegio moderno. El ingreso exige unas pruebas muy duras de condiciones físicas, intelectuales y vocales.

Hay aproximadamente cien coristas de 10 a 14 años. Cada grupo va de gira durante unos 3 meses al año, dando la vuelta al mundo varias veces.

Aquí les subo el anuncio promocional de los Europeos de futbol 2008, evento que compartió Austria y Suiza.

Hasta hace poco era condición sine qua non ser austriaco. Como verán en el video, finalmente se entendió que la música no entiende de banderas. Austria sacó a su artillería pesada -los niños cantores- que hacen de Carmina Burana, Oh Fortuna, Imperatrix Mundi, un gracioso juego de niños.

Que lo disfruten sus Señorias, Servus.


Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XVI)

470933Nihil novum sub sole, reza el proverbio latino. Pero a veces se equivoca, pues siempre hay excepciones. Tengo la impresión que tras haberles hablado en quince entregas de la ciudad de mis sueños pueden tener la impresión que la misma despide cierto tufo a naftalina.

Les confieso que guardaba lo siguiente para sorprenderles, y espero así hacerlo. Miren, una ciudad que no se reinventa así misma en un perpetuum mobile está condenada al fracaso.

Pero ocurrió un hecho. Andaba yo -el domingo pasado- con parte de mi gente paseando por los jardines del rio Turia, y entramos en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe. La cuestión: tuve un dejá vú, y no sabía si estaba en el susodicho museo o en el pasillo hipóstilo de la entrada de la tumba del Faraón Pepi II Neferkera. Y ahí vino la inspiración para el artículo que sigue.

La lista de arquitectos es interminable, y aunque a cada uno corresponde un estilo -por lo demás inconfundible- Dios en su infinita sabiduría ha permitido que un puente moderno no sea el clon, del clon, del clon… repetido incansablemente aquí, allá y acuyá.

Hace dos años pasé por Lieja, Bélgica, en un viaje a mi propio pasado. Y claro, no sabía si estaba en Valencia o Lisboa: la estación nueva es un trozo del famoso Museo de las Ciencias Príncipe Felipe. Hay una diferencia que hace a un arquitecto inmortal: su estilo sin repeticiones.

En el proceso de construcción de un edificio hay algo más que retar en tamaño a la pirámide de Kheops, vamos pienso. Repetir ad nauseam un puente no hace la fortuna ni del arquitecto ni del puente, afea la ciudad. En fin, que viva Benimamet y la nueva orden de Calatrava.

Hans Hollein es un arquitecto nacido en Viena en 1.934. Fue alumno en la escuela de Bellas Artes de la Ciudad. Posteriormente amplió sus estudios en Estados Unidos. Después pasó a Alemania y fue -y sigue siendo- el único que se ha atrevido a plantar un edificio en frente de la Catedral de San Esteban en Viena.

Creó una polémica brutal. El tiempo pasó, y hoy la archiconocida “Hass Haus” se ha convertido en un lugar turístico más, en el epicentro del casco antiguo. Hoy se le considera uno de los gurús del arte postmoderno. Les recomiendo su Web. Así mismo, les añado un video sobre la casa Hass Haus, así se hacen una idea.

Si van allí no dejen de visitar (por fuera) la Joyería “Schullin” pues la fachada es del mismo maestro. Por cierto, la Hass Haus tiene otra cosa a su favor: construida con fina ironía, dentro alberga un centro comercial, un hotel y algunas sorpresas -como un trampolín en el tejado y una escalera que no lleva a ninguna parte-. Si uno está en Viena, ¿por qué razón iría a otro lugar? Lean entre renglones.

Por otro lado debemos de introducir a otro de los gurús de la postmodernidad.

9073182Friedrich Stowasser nació en Viena y murió al terminar el siglo XX. Pero todo el mundo lo conoce por su “alias” Friedensreich Hundertwasser. Friedrich Stowasser tuvo la mala suerte de nacer en una familia de religión judía. Antes de cumplir los veinte años, todos sus familiares fueron asesinados en los malditos campos de concentración nazis.

Hundertwasser asistió muy poco tiempo a las clases de la Facultad de Bellas Artes de Viena, y en 1948 comenzó a trabajar en su propia producción.

El nombre de Friedensreich significa "Reino de la paz". Los otros nombres que eligió para sí fueron Regentag y Dunkelbunt, que se corresponden con "Día lluvioso" y "Oscuro, multicoloreado". Su nombre/pseudónimo: Friedensreich Hundertwasser significa "Reino de la Paz Cientos de Aguas". En algunas obras, el amigo firma como 百水, traducción al nipón de su apellido.

De este hombre se puede decir lo que se quiera (para gustos colores), pero su Kunsthaus o su Fernwärme (central de energía) del barrio Spitelau son maravillas de un mundo de Oz. Su arquitectura, inconfundible pero cambiante. Quizás sea el único postmoderno que le declaró la guerra a las líneas rectas, integrando jardines en los techos, colores en las fachadas, rupturas en las líneas y aromas en ventanas. Vaya, que viene a ser a Viena lo que “la flor de la Canela” a Chabuca Granda. Visiten por Dios su Web. Y que conste que no es uno de mis favoritos, pero al Cesar lo que es del Cesar.

No desesperen, en la próxima entrega les hablare de la Cooperativa Himmelblau, tremendos arquitectos que se permiten hacer un edificio al lado de la Opera de Praga -en forma de una pareja de bailarines- y bautizan a su obra como “Ginger y Fred” en clara alusión a la Rogers y al Astaire.

¡Que viva Benimamet! Pero, por favor, con nuestra cruz de Calatrava tenemos suficiente penitencia, Amén.

Servus.

Un regalo desde Viena

Estimados amigos y amigas que me visitáis en el blog, no he podido resistirme a subiros a la página un pequeño video de minuto y pico, cuya característica promocional no le desmerece a la hora de que tengáis -aunque sea veladamente- unas imágenes del distrito Innere Stadt, o sea, el primer distrito de Viena.
Son listos los Vieneses y dura lo que les he dicho, pero es tan exquisito que ustedes se lo merecen.
Los productores han tenido el buen gusto de mezclar pasado y presente, sin hacer ningún tipo de propaganda subliminal, por tanto a los que leen mi sección sobre Viena va dirigido este pequeño regalo.
Por cierto, se titula “sinfonía del casco viejo”. Que lo disfrutéis, lo breve dos veces bueno.
Un abrazo, Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XV)

1447956085_68ab9cd4ab_m“Viena ciudad de la música”. Así reza en la mayoría de panfletos de los tour-operadores, que en un 3 x 1 ofertan viajes a Praga, Budapest y Viena… ¡En cuatro días! No se dejen engañar, es un consejo, Praga bien vale un viaje -igual que Budapest-. Mezclar churras y merinas está bien para un ciudadano estadounidense con síndrome de estrés, que al retornar a su casa -en mitad del medio oeste de nada- podrá enseñar a los amigos aquellas fotos que no ha tenido tiempo de clasificar, en una suerte de remake de la película “Si hoy es martes esto es Bélgica”.

En fin, si van a Viena con el firme propósito de oír algún concierto, mi consejo sería que fuesen a cualquier establecimiento de la red estatal, sea la Opera, el Theater an der Wien, el Lusthaus, etc… Y en su defecto, siempre se realizan veladas tanto en el Palacio Schoenbrunn como en el Hofburg.

Ahora bien, si lo que desean es obtener una plaza -sentados o de pie- en la Goldenensaal de la Musikverein, el mejor sitio es el salón de sus casas. En mi experiencia, aparte de los altos capitostes, famosos, actores internacionales y los japoneses de siempre, no conozco a nadie que se pueda permitir la entrada -y menos en pareja-. Yo tampoco.

Buscando una hermosa velada uno se puede encontrar en un Heuriger (taberna) de Grinzig, oyendo música “Schrammel” que -sin despreciarla- tampoco es una polca mazur o aquello que ustedes y yo estamos acostumbrados a ver por Eurovisión.

Es cierto que en lugares como el Kursalon Huebner dan veladas de "sangre vienesa" y valses archiconocidos, pero eso no justifica que metan a quinientas personas en tropel, con una copa de cava catalán (estupendo, por cierto) y una rosa en la mano, que le da al personal turístico un aire de “pringaos” (ustedes me entienden). Porque, además, para los no germanohablantes el idioma no acompaña… se te cae encima, y normalmente versionan operetas.

2600580321_83e0ce03ba_m Con todo esto no intento hacerles cambiar de opinión, pero si van a Viena por la música elijan bien, obliguen a la agencia de viajes que les certifique que no se trata de un paquete aderezado con Dios sabe qué y así siempre tendrán otra oportunidad de ver la ciudad.

Recuerden: en verano los niños cantores están o de vacaciones o de gira. La temporada musical empieza con el frío.

Con respecto a los músicos célebres, muchos fueron inquilinos vieneses y allí moran sus restos, lo cual no significa que nacieran en la ciudad. Tal es el caso -por mencionar algunos- de Mozart (nacido en Salzburgo), Beethoven (Bonn, Alemania), Johannes Brahms (Hamburgo) y Mahler (Bohemia). No obstante, cayeron rendidos a los pies de esta ciudad odiosa que enamora, y que repite en muchas personas –más al norte de Florencia- la aparición del síndrome de Stendhal.

Servus, a ritmo de vals.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XIV)

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A veces, sólo a veces, entre pruebas desagradables y estudios de última generación en diagnostico medico (TACs, PETs, RMNs) y otras que les ahorro, a uno le da tiempo -mirabile visu- a visitar hospitales y hacer psicoterapia a los pacientes para sacar fuerzas (no sé muy bien de dónde)

En esos momentos, recordando el azote de la peste bubónica que asoló Europa por siglos, caí en la cuenta de que, de no haber sido por hombres y mujeres de aquel tiempo, seguirían echándole la culpa de la epidemia a los de siempre, a brujas, hechiceros, trompeteros del juicio final, homosexuales, desviacionistas religiosos y un largo etcétera…

El azote del siglo XXI es otro, los culpables se llaman VIH, Carcinomas, linfomas, etc…

Caí en la cuenta de dos cosas. Primero, que ha remitido la histeria y la paranoia un poco y, al mismo tiempo, que hay un desfase entre la humanidad y las épocas. Pero claro, así es el zeitgeist. Volví a mi terreno y recordé que hablándoles de Viena había olvidado relatarles, de pasada, los centros emblemáticos de salud de esta ciudad.

Locos, que se dice, ha habido siempre. En Viena desgraciadamente debía haber bastantes, y al despotismo ilustrado se le ocurrió recluirlos en la Narrenturm, es decir, la torre de los locos. Un edificio singular y redondo donde metían a todo aquel que andaba con las neuronas revolucionadas. Les cuento esto porque en el resto de Europa la cosa iba a la par y, además, hasta que no llegó la primera revolución psiquiátrica -allá por el fin del siglo XVIII- los inquilinos de esta casa andaban encadenados como si los peligrosos fuesen ellos.

Por cierto, si la quieren visitar es excelente la exposición permanente de su historia y mil curiosidades más. Anecdóticamente, se encuentra en el distrito de Alsergrund, como la residencia de Freud.

AKH-Wien-ModellCon el tiempo, y a raíz de las grandes reformas, se habilitó un antiguo edificio con sus infinitas ampliaciones que llegó a convertirse en el Allgemeines krankenhaus o Hospital general de Viena, donde trabajaron durante tiempo viejos conocidos de todos los profesionales de la salud física y  mental. El edificio está ubicado no lejos de la torre anteriormente citada, curiosamente en el mismo distrito de Alsergrund, así que podrán visitar ambas el mismo día.

En el Allgemeines krankenhaus -o AKH, abreviado- trabajó el premio Nobel de medicina Julius Wagner-Jauregg, famoso por sus descubrimientos sobre el bocio, por la piroterapia y por realizar importantes estudios sobre la psicosis. Era bastante socarrón y, al enterarse que su alumna favorita se había pasado al psicoanálisis, le solía decir al encontrársela por la calle “Doctora Deutsch, ¿ya le ha convencido el profesor Freud de que quiere matar a su madre y desea casarse con su padre?” A lo que Helene le respondía: “No, aún no; pero lo intenta, lo intenta…”. Y así le daba esquinazo.s821100a

Recuerden que en la Viena finisecular los hospitales miraban por encima del hombro a cualquier institución de otro país. Finalmente, y de manera acorde al espíritu de los tiempos, el arquitecto jefe de la Secession vienesa, Otto Wagner, creó para el complejo de enfermos mentales la Kirche am Steinhof en Penzig (distrito vienés), la Iglesia de San Leopoldo o de los locos.

Ya ven, de las cadenas de la Narrenturm a los bancos de una Iglesia declarada, cómo no, Patrimonio de la Humanidad.

Les dejo con una pregunta, ¿será por casualidad que la maravillosa Iglesia está en el distrito de Alsergrund, barrio de Freud?

Reflexionen un poco, porque en mi ciencia la casualidad… no existe.

Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XIII)

Queridos amigos, hoy les propongo una pequeña excursión o paseo: recorrer andando un trayecto de cinco kilómetros, que van desde el palacio imperial de Schoenbrunn hasta la iglesia de San Carlos Borromeo, sita en el centro de la ciudad.
Lo que en principio era un coto de caza a las afueras de Viena, pronto se convirtió en un complejo palaciego llamado Schoenbrunn o Schönbrunn, según las dos grafías oficiales del alemán standard. El nombre le viene por haber descubierto el Kaiser Leopoldo I una fuente que le pareció hermosa (en alemán Schoenen Brunenn). Fue el gran arquitecto Johann Bernhard Fischer von Erlach el encargado de construir un complejo imperial a mayor gloria de la dinastía Habsburgo. Pese a ello, el primer proyecto no fue bien recibido por el monarca pues, como le dijo el Kaiser a su arquitecto, “soy el Emperador, no el semidiós de Versalles”.
Finalmente, el Kaiser Carlos VI no mostró ningún interés por seguir con las obras del complejo, siendo su hija la Emperatriz Maria Theresa la que echó mano del arquitecto Nicolaus von Pacassi para la renaudar el proyecto de la residencia de verano, hoy en día emblema fundamental de la historia de centroeuropa.
Ni que decir tiene, que en el siglo XIX Schoenbrunn se convirtió en el centro de la política internacional, donde se trazaban las fronteras de nuevos estados o desaparecían otros reconvertidos en provincias.
En fín, tienen ustedes a su disposición en varios idiomas todas las explicaciones que deseen sobre este palacio en la pagina oficial del gobierno austriaco.
Como les decía, nuestro recorrido puede ir desde este inmenso complejo, pasando a través del distrito en el que se encuentra, llamado Hietzing, (quizá el más exclusivo y residencial), en dirección al centro de la ciudad, a través de la Schlossschoenbrunner Strasse, hasta la confluencia de la Wienzeile, calle serpenteante que transcurre por encima del pequeño río Wien, que sólo se deja ver a tramos hasta su hermosa desembocadura en el canal del Danubio.
En la calle Linkewienzeile pueden encontrar algunas de las joyas más preciadas del modernismo, tales como la Majolikahaus, la "casa de los medallones” y un largo etcétera. No hace falta que las busquen, ellas les encontrarán a ustedes.
Los sábados en la Wienzeile se abre el Naschmarkt -mercado de las delicias- donde encontrarán desde las clásicas salchichas vienesas, pasando por frutas de las que nunca oyeron ni hablar, hasta baratijas y antigüedades de dudosa calidad, empeñadas por aristócratas venidos a menos.
Por si fuera poco, se tropezarán de frente con el palacete de la Sezessión. Descúbranlo ustedes mismos, no les pienso adelantar nada. Además, tienen una foto en la cuarta entrega de la serie que presentamos.
Tal y como les prometí, llegarán al final del trayecto en la plaza de la Iglesia San Carlos Borromeo, ejemplo depurado del barroco vienés.
Por cierto, no se pierdan las estaciones de metro de esta plaza, obras primorosas de Otto Wagner.
¡Ah! En una esquina de la plaza se pueden tomar un refrigerio en el Café Museum, obra del arquitecto y “enfant terrible” vienés, Adolf Loos.
Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XII)

Que no es oro todo lo que reluce es bien sabido, por lo que hoy les hablaré un poco de la crónica social y de las malas lenguas en tiempos de mi idolatrado káiser Francisco José I, quien llevó (que se sepa) una vida rígida bajo la antiquísima etiqueta española, al tiempo que no se podía decir lo mismo de su familia.
Para empezar, el káiser Francisco José heredó el imperio austríaco por recarambola, pues su abuelo Francisco I, Rey de Romanos y primer emperador de Austria, fue sucedido por el káiser Fernando, hijo de Francisco I y tío suyo. Francisco José, por tanto, no heredó el trono del imperio de sus padres, el Archiduque Francisco Carlos y la princesa Sofía de Baviera.
Y es que como la mayoría de lectores sabrán, la casa Habsburgo nunca le hizo ascos a la endogamia, de tal suerte que el emperador Fernando (su tío) sufría de un retraso mental que podría ser catalogado de idiocia; vamos, que era bobo. Tan exagerado era el síndrome que padecía, que el consejero imperial príncipe Von Metternich dio un golpe de Estado en 1848 ofreciéndole la corona al padre de Francisco José, quien, como buen Habsburgo, se había casado con una prima hermana. La pareja, con sentido común, renunció a la prerrogativa de ser emperadores y ofrecieron para tal fin a mi adorado emperador. La elección no fue fallida; de hecho, parece ser que toda la sensatez de la familia se encontraba dentro de la personalidad de este nuevo káiser.
Además, el archiduque francisco Carlos, aparte de sordo y tartamudo, era (digamos) bastante distraído y ligero de cascos y jamás hubiera podido realizar la función para la que se le podría haber encomendado. Los padres de Francisco José tuvieron más hijos: entre ellos, el archiduque Carlos Luis, que murió en su madurez después de haber bebido las aguas del Jordán; el archiduque Luis Víctor, llamado en Viena archiduque de los baños, pues hasta que su hermano el káiser se quedó sin paciencia y lo desterró a Salzburgo se pasaba el día (y sobre todo la noche) persiguiendo a jovencitos de las buenas familias. Francisco José en su sensatez sólo puso una condición al servicio que tenía que cuidar de su hermano: que fueran todas las personas del sexo femenino. Y es que aquí hay tomate.
Con respecto al archiduque Maximiliano, siempre se dijo en Viena que fue fruto de los amoríos de la archiduquesa Sofía con el duque de Reichstadt. Este duque, que vivía en secuestro perpetuo en Viena con la familia de su madre, era ni más ni menos que el aguilucho, es decir, el hijo de Napoleón Bonaparte. Sin embargo, al morir a la temprana edad de veintiún años de una tuberculosis, el tema de la supuesta paternidad del archiduque Maximiliano fue cubierto rápidamente con bastante tierra.
Otro asunto fue la desgracia que supuso el enamoramiento del káiser Francisco José de su prima hermana Elisabeth de Baviera: de hecho la casa Wittelsbach tenía fama de lunática y de constructores de castillos inútiles. Evidentemente la pareja se casó y después de darle un hijo y tres hijas al emperador, Elisabeth, conocida cariñosamente como Sissi, se dedicó a viajar por el ancho mundo.
En Madeira se curó de una tuberculosis imaginaria, en Elche (provincia de Alicante) amadrinó una palmera, saliendo acto seguido rápido del país para no encontrarse con Isabel II, a quien no podía ni ver; finalmente, recaló en Corfú, donde se dedicó a romperle los nervios a la familia real griega.
Era tan ella misma que a la reina de Grecia, alemana como ella, le hablaba en griego, supongo (como decía el premio Nobel Camilo José Cela) que por joder.
En Viena era conocida como la extraña señora, pues huía de la corte como gato escaldado.
El último tinglado que se le ocurrió fue buscarle a su esposo el káiser una amante, porque ella rehuía la sexualidad (nosotros le llamamos histeria). Se trataba de la famosa actriz vienesa Katerina Schratt, pero del rumor yo, ni confirmo ni desmiento nada.
El final más o menos lo conoce todo el mundo: el hijo del káiser, archiduque Rodolfo, se suicidó en su pabellón de caza de Mayerling con su amante la baronesa María Vetsera, y la desgraciada de Sissi murió al ser atravesada por un estilete de un anarquista en Suiza. El muy infeliz creía que se trataba de una condesa.
La emperatriz Sissi tenía tal amor a Austria que depositó sus memorias en Suiza, creyendo que al ser una república le ofrecían más garantías. Nuestro káiser Francisco José sobre vivió a todo esto y a su fallecimiento heredó los títulos y dignidades su sobrino-nieto Carlos.

Post-data: En 1940 Hitler, en una de sus arrancadas mandó las cenizas del duque de Reichstadt a Los Inválidos como gesto de regalo al pueblo francés. Y allí siguen.
Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte XI)

Tras la muerte del Káiser Francisco José I, y la entronización como Káiser de Carlos I de Habsburgo-Lorena, nada hacía presagiar el derrumbe de la monarquía austro-húngara.
Pero así fue, como magistralmente profetizó el escritor Karl Kraus en “Los últimos días de la humanidad”; el Imperio se derrumbaba y -como quiera que Carlos I nunca abdicó-, se le expulsó de sus territorios yendo a morir en la isla de Madeira donde sigue enterrado.
Hasta aquí nada nuevo, pero el psicoanálisis nos enseña que, ante la falta de un padre, el orden converge hacia el caos de manera inequívoca.
Es el fenómeno que ocurrió con Austria, pues su crepúsculo culminó una larga noche de 1938 que iba a durar hasta 1945, cuando volvió a recobrar nombre y una cierta autonomía que no le fue devuelta hasta 1955.
Podríamos decir que es una historia de balcones. En 1938 Hitler, con el consentimiento de parte del pueblo austriaco, declaró el Aanschluss al Reich (anexión al Imperio) desde el balcón del Hofburg, y en 1955 se declaró el Staatvertrag (tratado de estado) por el que Austria volvía a “existir” desde el balcón del palacio Belvedere.
Confieso que, aún hoy en día, siento malestar al pasar por la Morzinplatz de Viena, lugar en el que estaba el cuartel general de la Gestapo, hoy museo de la resistencia.
En fin, les hablé en su momento del hermoso valle de la Wachau; no les dije que pasando la abadía Benedictina de Melk, a unos pocos kilómetros, hay un campo llamado Mauthausen donde la perversidad de un régimen había planificado un exterminio total. Por cierto, dicho campo está abierto al público, en un intento de no olvidar y por tanto no repetir el pasado.
Como nos advierte desde su Blog Gerardo F. Santamaría, la importancia de un Padre y su existencia -al menos en forma metafórica-, es estructural y condicionante de salud mental de todo un pueblo.
Para hacer justicia, y como les he hablado del Belvedere -donde se alberga la pinacoteca moderna de Viena- les diré que durante el régimen nazi se requisaron gran cantidad de obras de arte que jamás volvieron a ser vistas.
No es el caso del retrato de Adele Bloch-Bauer (pintado por Gustav Klimt) que tras un proceso contencioso entre Maria Altman y el Estado Austriaco, fue devuelto a su verdadera propietaria hace un par de años. La historia no tiene desperdicio: todo empezó cuando el magnate del azúcar Ferdinand Bloch encargó a Gustav Klimt que realizara dos óleos de su esposa Adele Bloch-Bauer. Los cuadros fueron colgados en el palacio-residencia de la familia -sito en la Rennweg de Viena- hasta que tras la “anexion” fueron requisados por la Gestapo que, tras llevárselos, invitó gentilmente a Maria Altman -sobrina del magnate- a ingresar en el campo de exterminio de Dachau. Tenía 22 años en aquel momento. ¿El motivo del ingreso? Ser judía.
Tras una fuga digna de Houdini, Maria cruzó Francia, llegó a los Países Bajos, y de allí emigró como tantos otros a California.
Podemos decir que tuvo suerte esta dama que nació en su querida Viena, allá por el mil novecientos dieciséis, y que tras muchos años de pleitear con el Estado Austriaco consiguió los cuadros que Klimt pintó de su tía.
Así es como el dieciséis de enero del año dos mil seis, Maria vio a sus noventa años la injusticia reparada.
Austria se quedaría sin dos retratos emblemáticos de su historia, pero volvió a elevarse ante los ojos de la comunidad internacional en su dignidad pasada.
Conocedor del proceso entablado, un buen día, allá por mil novecientos noventa y cinco, trabé amistad con el conservador del tesoro imperial, custodiado en el famoso Hofburg. En mi candidez, le pregunté si tenían pensado devolver la corona de Moctezuma a México. Su contestación fue sorprendente: “Claro, claro, amigo mío: cuando los mexicanos nos devuelvan al Emperador Maximiliano… vivo”. Estas fueron sus palabras.
Más allá de las historias, no se dejen engañar; los vieneses aman la vida y son mucho más hospitalarios de lo que se pueden imaginar. Se lo dice a Ustedes el que esto escribe, pues yo mismo -y a pesar de ser germano-español, haber nacido en Bruselas y residir en Valencia- soy y siempre seré vienés de corazón y espíritu.
Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte X)

En psicoanálisis, le damos al discurso la importancia que realmente merece. Es por ello que, a pesar de la voz del consciente, siempre se oye otra cosa, en otra escena; Y es que Viena, como un paciente más, se debate entre su hoy y un ayer que retorna por reprimido.
Si siguen leyendo entenderán la advertencia que nos permitimos hacer en la entrada de hoy.
Wien, en eslovaco Viedeň, en checo Vídeň, en croata y en serbio Beč, en húngaro Bécs, en esloveno Dunaj, siempre sugiere leyendas y un poder perdido en las tinieblas del tiempo.
Bueno, seamos un tanto pacientes o jamás entenderemos el lema oficial de la ciudad que reza “WIEN IST ANDERS” es decir: Viena es otra cosa. Y, entre otras cosas, vamos a hablar de la planificación de la ciudad.
Bajo el reinado de Francisco José I se decidió la construcción de la Ringstrasse, avenida circular de cuatro kilómetros de longitud que rodea al primer distrito de Viena. En ella se encuentra la mayor concentración de edificaciones monumentales conocidas. Los distritos llamados Bezirke son veintitrés, y siguiendo las manecillas del reloj se distribuyen alrededor del primero.
Créanme, ni siquiera los nombres tienen desperdicio, así que se los presentaré:
El primer distrito de la ciudad es la Innere Stadt. En el mismo se concentra un largo etcétera de palacios y monumentos, difícilmente catalogables (hablaremos del centro más adelante). El segundo distrito -siguiendo un hipotético reloj, a las tres de la tarde- es Leopoldstadt, en el que se concentra la minoría hebrea de la ciudad y el archifamoso parque de recreo del Prater y su noria gigante. En Landstrasser, tercer distrito de la ciudad, nos encontramos con la demarcación oficial, que hace que una línea imaginaria corra por el centro de la calle, de tal manera que divide a Europa occidental de Europa oriental.
En el cuarto distrito o Wieden, lo heterogéneo prima de tal manera que al lado de la iglesia de San Carlos Borromeo se sitúa el museo de historia de la ciudad, que concentra grandes obras y alguna sorpresa más.
Como comprenderá elector, si en cada esquina hay una historia y en cada calle una leyenda, resulta harto difícil poder avanzar si no nos proponemos un alto en el camino.
Y es que el quinto distrito, llamado Margareten, es el que tiene el honor de ser la plaza sobre la que se asienta el palacio Belvedere, uno de los símbolos de la ciudad. El Belvedere se divide en alto y bajo Belvedere, y se concluyó en mil setecientos veinticuatro como residencia de verano para el príncipe Eugenio de Saboya. La excusa fue la victoria sobre los turcos. Hoy en día alberga el museo barroco, el museo medieval y la galería de arte moderno.
El Belvedere por sí solo representa como conjunto monumental, en el centro de la ciudad, uno de los emblemas de la misma existencia de Austria, pues aunque muchos lectores no lo sepan, el país fue ocupado en cuatro sectores, igual que su prima alemana. Viena fue así mismo dividida en cuatro sectores, uno británico, uno estadounidense, uno francés y uno soviético. El centro de la ciudad corrió otra suerte, pues ante la falta de entendimiento de las autoridades vencedoras, las cuatro potencias administraron conjuntamente el primer distrito.
Hoy en día el Belvedere se ha convertido en un emblema de lo austriaco. En 1955 Austria fue liberada de la ocupación, prometiendo -eso sí- no unirse jamás a sus primos alemanes. Dicha simbólica neutralidad acabó el día en el que la república alpina entró en la Unión Europea.
Aún hoy en día resuenan los ecos de aquel 1955 -las palabras del Presidente de la república mas monárquica del mundo- cuando desde el balcón del alto Belvedere lanzó la buena nueva: “Österreich ist frei” (Austria es libre). Y lo es, lo es…
…pero no de su pasado.
Y es que desde las sombras de la ciudad aún se escucha otro discurso, la letanía de una larga noche en la cual, desde otro balcón, ésta vez del Hofburgg, un austriaco de provincias (llamado Adolfo) se atrevió a declarar en su megalomanía la anexión forzosa de la casa Austria.
El próximo día seguiremos hablando de aquella noche de siete años.
Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte IX)

Querido Augustin. Con esta fotografía de una taberna típica del barrio de la Bluttgasse de Viena les dejé en la última entrega.
"Oh, du lieber Augustin" es una canción popular vienesa. En 1679 la peste bubónica se convirtió en epidemia en esta ciudad, y Lieber Augustin fue un músico popular callejero -lo que llamamos un Strassemusikant- que, según la leyenda, cayó en una fosa llena de cuerpos de víctimas de apestados por la noche, estando borracho. Augustin no contrae la enfermedad, debido quizás al efecto del alcohol. La historia pervive así como la leyenda en la canción:

Oh, du lieber Augustin, Augustin, Augustin,
Oh, du lieber Augustin, alles ist hin.

Geld ist weg, Mäd'l ist weg,
Alles Hin, Augustin.
O, du lieber Augustin,
Alles ist Hin.
Y un largo etcétera en el que las estrofas vienen a decir que todo se acabó.
Claro está que cuando algo acaba algo empieza, y para dar gracias por el fin de la gran peste, el Kaiser Leopoldo I -papá del archiduque Carlos de España- construyó la Pestsäule, columna de la peste, que corona el centro de una plaza rectangular y emblemática de la ciudad.
El nombre de la plaza es Graben, que viene a ser algo así como "foso". Hoy en día quizás concentre el mayor P.I.B. por habitante de la ciudad y sea una de las zonas más exclusivas de la misma.
Existen hipótesis y teorías de todo tipo sobre la función de este megafalo barroco-rococó (cuyo verdadero nombre es Columna de la peste de la Santísima Trinidad, les ahorro la traducción al alemán). Hay quien dice que, si el mundo es eurocentrista y Austria está en el centro de Europa, Viena es el centro del continente, y el Graben es el centro de la ciudad... por tanto, todo el mundo gira alrededor de la columna de la peste.
En fin, cualquier excusa es buena para enfrentarse a la teoría de Salvador Dalí y usurparle el puesto de centro del universo a la estación de Perpiñán/Perpinyá, verdadera fijación del pintor ampurdanés.
Yo les recomiendo que, aprovechando que por el primer distrito de la ciudad o Innere Stadt todo es peatonal, paseen detenidamente por el Graben, hacia la plazuela de Stock im Eisen, rematando la faena frente a la colorida catedral de Stephansdom.
Pero ¡por Dios!, ¡no crean que todo es antiguo o gagá! Frente a la catedral, y a mayor gloria de Dios, el arquitecto Hans Holbein construyó el mítico edificio Hass Haus, que mira con insolencia al resto monumental.
Y es que el acero y el vidrio le sientan tan bien al primer distrito como un refrigerio al turista sediento.
Por el momento les dejo, he oído que hay una -casi sacrílega- competición de caídas libres con monopatines en la Strudelhofstiege, no me lo pierdo.
Servus.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte VIII)

Hoy deseo hablarles de tantas cosas referentes a la ciudad de Viena que, francamente, no sé por dónde empezar.
Quizás sea por el fenómeno de la nostalgia, pero claro, según los filósofos del círculo cultural de la ciudad, la maldita nostalgia es solo una costumbre cultural.
Comenzaré con un pecado vienés reconocido por todos ellos: la pereza, que llega casi a la indolencia -nadie lo niega, pues los vieneses pueden ser cualquier cosa menos hipócritas-. A este tipo de vicio se le denomina “Schlamperei”, y todo el mundo lo practica con alegría.
Edward Crankshaw decía que la Schlamperei, al ser compartida por las clases altas y las bajas, provocaba que las primeras perdieran las batallas y las otras se olvidaran de hacer los recados. Tan cierto debía ser, que el Kaiser Francisco José I se quedó más de una mañana sin sus barritas saladas para el desayuno.
Supongo que les sorprenderá que una ciudad teutona, que ha sido durante seis siglos la capital del Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana, sea tan alemana como azul es el Danubio.
Bien, es otra de las cosas que enamoran, que todo es igual pero diferente, hasta el idioma, pues en Viena -al igual que en todo el espacio lingüístico de dominio alemán-, se entiende, se estudia y se habla oficialmente Hochdeutsch (o alemán normativo), pero existe una particularidad que deben saber.
Los vieneses entre ellos hablan en dialecto vienés. La función del citado dialecto no consiste en hacerse entender, sino en crear barreras contra todo lo exterior. Se desternillarían de risa viendo a un alemán -o austriaco o suizo-, con la carta de menús de un restaurante en la mano, casi tienen la misma dificultad para entenderla que cualquier extranjero, debido al léxico que se gastan los muy gatos (apodo que se da a los vieneses).
Allí donde debería de poner “Tomaten” (que no hace falta que lo traduzca), se encuentra nuestro amigo hambriento con un poético “Paradaiser”; Allá donde albaricoque debería nombrarse como “aprikosen”, se encontrará con un “Marillen”; acuyá donde pone “Kukuruz” en realidad se habla de maíz… y no quiero cansarles.
Cualquier alemán tiene la sensación de estar en tierra extraña, y he de confesarles que siempre me ha divertido ser testigo de estas situaciones.
¡Huy!, les tengo que dejar, debo tomar el tranvía (institución vienesa) pues me dirijo a Michelbauern-Algemeineskrankenhaus, pues me espera en mi café favorito un suculento plato de Tafelspitz. Seguiremos otro día.
PD: en la foto un “Heurigen“, taberna típica donde se degusta el vino nuevo entre los acordes de música Schrammel. Por cierto, si son extranjeros en Austria, vayan a Viena, se sentirán como en casa, pues ser vienés es también una costumbre cultural y un estado de ánimo.

Oh, Wien, stadt meiner träume!! (Parte VII)

En Viena -como saben- se habla alemán. Normalmente en mi idioma materno se saluda como en todas partes, pero en Austria se usa un socorrido Grüss gott que sirve de la mañana a la noche. En cambio, en la ciudad se usa una única palabra: Servus, con la que quedarán ustedes como Archiduques Imperiales. Así que ya saben: In Wien, Servus.
Los tópicos muchas veces solo sirven para mantener ideas falsas. De hecho, le decía hace poco a una buena amiga (residente en la pequeña ciudad de Cullera-Rivas-vaciamadrid), que ni el río Danubio “pasa” por Viena, ni el croissant -como ya les comenté- es galo, ni el Serenísimo Imperial y Real Palacio de Schoenbrunn es el más grande.
Por partes: el río Danubio, además de ejercer de limes o frontera entre el imperio romano y las tribus bárbaras, ha sido un temible enemigo cada vez que se ha desbordado, barriendo a su paso los distritos centrales de la ciudad. Es por ello que en el último tercio del siglo XIX, se encomendó al arquitecto Otto Wagner la ingente tarea de realizar un canal de desagüe, de modo que se impidiera la inundación de lo que podríamos llamar la zona noble.
Con el tiempo y tras realizar el trabajo, el canal -llamado en la ciudad DonauKanal, o si lo prefieren canal del Danubio-, se ha convertido en una zona de paseo a pie o en barco, que permite al viajero a través del sistema de exclusas “salir” a la navegación por el gran río.
No obstante ustedes se preguntarán, ¿entonces, por dónde transcurre el bello Danubio azul? …Bueno, allí donde termina cuasi-oficialmente la ciudad y a la orilla de la Iglesia de San Francisco de Asís -también llamada del Jubiäum-, comienza lo que se denomina gran Danubio; abierto, cómo no, al tráfico fluvial internacional.
De todas las maneras conviene recordar al lector que en la margen derecha de la ciudad, y por este orden, nos encontramos con el rio Danubio a su derecha y, en un tramo de veintipico kilómetros en paralelo, hallamos el nuevo Danubio. A su derecha, el antiguo Danubio, donde se ubica ONU-City, una de las tres sedes mundiales de la ONU.
Fue en los años setenta del siglo XX cuando se realizó la faraónica obra del nuevo canal de desagüe, creando lo que se ha venido en llamar el nuevo Danubio. En él evidentemente no encontraremos tráfico fluvial, estando solo permitido para el esparcimiento de viandantes y nudistas, pues su creación en paralelo al gran Danubio dió lugar a un tramo de tierra entre los dos ríos que ha formado una isla artificial (isla del Danubio). Los vieneses –tan dados a los apodos- la denominan socarronamente “la isla espagueti”, en clara alusión a su longitud.
Yo, humildemente, les recomiendo que hagan el trayecto o excursión que ofrece la compañía fluvial del Danubio (Donaudampfschiffahrtsgesellschaft, en alemán). Resulta absolutamente deliciosa la experiencia de navegar desde Viena hasta la abadía benedictina de Melk, admirando el gran valle de la Wachau. Quizá los treinta kilómetros más hermosos de Europa.
Durante el viaje, verán el pequeño pueblo de Krikau, el hermoso campanario de Stockerau (a orilla del río), la famosísima villa de Melk y un largo etcétera, incluido el castillo en el que estuvo invitado -a la fuerza- el rey inglés Ricardo corazón de león cuando retornaba de su cruzada a tierra “santa” en lugar de administrar su isla.
Bueno, recordarles que la navegación está cerrada desde noviembre a abril, evidentemente por los hielos que bajan lentamente hacia la lejana Budapest (llamada en Viena Ofen).
Así que ya saben, si visitan Viena en verano, excursión fluvial; si la visitan en invierno disfruten del olor del vino con canela y las castañas calientes (llamadas en la ciudad “marroni” debido al color), así como del mercado navideño frente al ayuntamiento (Christkinderlmarkt), donde encontraran todo lo que se puede colgar de un abeto y muchas cosas más.
Seguiremos en próximas entregas con detalles de la ciudad, pero déjenme decirles que los únicos ríos que atraviesan la misma son el río Wien, que en parte fluye bajo el pavimento hasta que tributa en el canal del Danubio (con una desembocadura en estilo modernista primorosamente realizada), y el río Alser, que da nombre al distrito de Alsergrund (en el que vivió toda su vida un tal doctor Freud).
Les he hablado de las antiguas inundaciones, que afortunadamente ya no tienen lugar pero, eso sí, si alguna vez sus señorías deciden acudir a la ciudad, y leen “Hochwasser”, súbanse rápidamente a la cúpula de San Miguel del Hofburg y esperen a que las aguas vuelvan a su cauce.
Fuera de bromas, sé que mucha gente espera saber de qué color es el Danubio. Les debo una respuesta, así que ahí va. El Danubio, queridos amigos, es marrón como todos los ríos, pero les aseguro que (a diferencia de los otros) se torna azul intenso si se mira con los ojos del corazón.
Hasta pronto. Servus.

P.D.: Les añado al artículo una foto satélite para que distingan la distribución de los distintos “Danubios”.
P.D.: Un saludo cariñoso a Sucro o Cullera.


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